sábado, 25 de septiembre de 2021

Hasta mañana

Es miércoles y he salido del curro directo al taller. A mi moto le toca pasar una revisión. Un colega que tiene moto, en concreto mi colega Arturo que en esta foto posa junto a su moto a la que llama Sabandija, me dice que ninguna persona con dos dedos de frente pasa las revisiones a su moto. Si no lo hago pierdo la garantía de dos años, así que amablemente le digo que le jodan y he concertado la cita en mi taller de confianza de la calle Alcalá. No os imaginéis la zona noble de esta kilométrica calle. No, me refiero al otro lado más allá de la M-30, en la zona más obrera, más de barrio con solera, donde se mezclan los viejos más castizos de Madrid con inmigrantes que llegaron al barrio hace años y ahora son tan madrileños como yo o el puto C.Tangana.

El taller no es nada del otro mundo. Es más pequeño que mi habitación de casa. Está regentado por dos hermanos ecuatorianos que son gemelos y ambos se llaman Jose. No es coña. Su padre se llama José Alfredo y a sus hijos gemelos los llamó José Luis y José Miguel, pero ambos se hacen llamar Jose. Una señal cósmica que me hace pensar que la vida tiene cosas absurdamente divertidas. Dejo la moto a uno de los Joses, no sé a cuál porque los dos son exactamente iguales y me despido de él hasta dentro de hora y media. Iba a quedar con un colega que vive en la zona para vernos y así de paso hacer tiempo pero curra en una Big Four y me dice por WhatsApp que hoy le va a tocar quedarse hasta las tantas. Escribo a Arturo que es consultor y me dice más o menos lo mismo, que la tarde se le va a complicar en el trabajo, así que le digo que le jodan a él y a su Sabandija y le recuerdo que me caía mejor cuando era NiNi, no tenía obligaciones y podíamos quedar siempre que quisiéramos. 

Estoy solo en esto hasta que alguno de los Joses me llame para recoger la moto. ¿Qué puedo hacer? Podría dar un paseo por la zona pero la verdad que lo que me apetece es tomarme una cerveza, así que busco un bar. Sé que no quiero ir a un bar de la Calle Alcalá. No son bares de toda la vida. Busco un bar de mierda. Para elegir un buen bar valoro varias cosas: Una de ellas es que el lugar tiene que dar cierto asco, o mejor, no inspirarte ninguna confianza de que pueda pasar satisfactoriamente una inspección de Sanidad, y la otra es que el ambiente debe estar cargado de personas a las que aspiras no convertirte jamás. 

Me adentro en las calles del barrio y empiezo a fichar los bares. No hay nada que me convence. No hay ninguno que parezca que vaya a cumplir mis expectativas hasta que de pronto escucho un grito en la calle. Mira en dirección del sonido pero no veo nada. Vuelve a sonar el grito. Me doy cuenta que procede de un bar que hay al final de la calle. Tiene una terraza pero está completamente vacía. No parece sucio. Está bien cuidado. No debería ser una opción. Lo que pasa es que dentro está atestado de borrachos, lo que me convence para entrar. La terraza desértica no es una opción a pesar que sea una buena recomendación para evitar el contagio del virus. La fiesta de los acabados está dentro del bar. Quizá porque prefieren la oscuridad y que nadie les reconozca en la calle.

Al cruzar la puerta mi olfato se activa y puede sentir un olor rancio muy fuerte. No es agradable, pero es la fragancia de los bares de mierda que me gustan. El bar tiene varias mesas altas y están todas ocupadas de borrachos, viejos, gente solitaria bebiendo cerveza. Hay una mesa libre en la que me siento. Pido un Águila sin filtrar que la camarera me trae con un buen trozo de empanada de jamón y queso recién precalentada que contra todo pronóstico está riquísima. Adoro los bares con tapa de mierda que está rica. Al fondo hay dos borrachos y uno de ellos grita excesivamente. La camarera, que tiene pinta de ser también la dueña, le manda callar. Está nerviosa por mi presencia. Un tipo aparentemente normal que quizá no debería de estar en ese bar. El borracho pregunta si molesta a alguien a gritos y ella insiste en que se calle. Cuando pasa a mi lado le digo que por mí no se preocupe, que no me están molestando y que no se agobie por la situación. Hablan de chorradas. Cerca hay otro hombre de mediana edad que parece normal como yo, pero tiene pinta que es asiduo. Se ríe de lo que están gritando y me dedica una mirada de complicidad con la que parece decirme "estos están como una puta regadera". Entra otro tío de unos cuarenta. Nos saluda a todos y el tipo de la mirada se junta a él y se ponen al día. Me pregunto qué es lo que lleva a un hombre a beber cerveza solo en un bar. No hay mujeres. Sólo cuñados. Y un viejo se despide del bar después de apurar el último trago diciendo hasta mañana a todos. 

Yo también le digo hasta mañana pero sé que no quiero volver ahí. Simplemente acariciarlo. 

viernes, 10 de septiembre de 2021

Normal

-Vivimos en un mundo en el que se persigue lo normal. Se persigue para acabar con ello, claro. Si eres normal no molas. Tienes que hacer cosas extraordinarias en tu vida para que tu vida sea plena. Tienes que ser el mejor en todo. Cuando eres pequeño te dicen que tienes que ser el mejor de tu clase y cuando eres adulto la sociedad te exige que seas el mejor en tu trabajo. No importa que no te guste lo que estés estudiando, ni tampoco importa que en el trabajo no seas feliz. Lo importante es que seas el mejor. Da igual el precio y el sueldo, por supuesto. No puedes ser sin más. No puedes pasar de puntillas por la vida y morirte. No. Antes de eso tienes que haber demostrado al mundo que tu vida ha tenido sentido y ha sido completamente plena. Fucking Carpe Diem. Cuánto daño ha hecho El Club de los Poetas Muertos y mira que es un peliculón. Lo peor de todo es que yo también me he creído ese discurso. Y por el camino he sufrido mucho. Porque da igual lo que luches o demuestres, si la suerte no está de tu lado, todo saldrá regulinchis.  Por eso yo quiero ser normal y simplemente hacer bien lo que hago y poco más. Por eso me he dado cuenta que es mejor esperar que luchar.
-¿Esperar a qué?
-A que alguien vea en mí que soy la persona más normal del mundo y me dé una oportunidad porque al fin seré el mejor en algo.
-Vale. Creo que me has convencido.
-Guay. ¿Nos tomamos otra cerveza?
-Dale.

Hasta mañana

Es miércoles y he salido del curro directo al taller. A mi moto le toca pasar una revisión. Un colega que tiene moto, en concreto mi colega ...